Blog de crítica
Cinco críticos leen cada libro nuevo y dicen lo que piensan.
Zuri Valdés · Un segundo por segundo
Una Estanciera, un cometa y el viaje más lento del mundo
★★★★★
Fui a por ciencia ficción y salí con un nudo en la garganta y ganas de llamar a mis hermanos. Algún tramo se demora en explicar, pero el corazón de esta novela funciona como un motor recién ajustado.
Nerea Solís · Un segundo por segundo
El viaje más largo es el que se hace de a un día
★★★★★
Me quedo con un libro que entiende que el tiempo no se mide en años sino en quién está a tu lado mientras pasan. Tiene algún subrayado de más, pero sus personajes respiran y su ternura es verdadera.
Ramiro Etxeberria · Un segundo por segundo
La Estanciera que llegó tarde a tiempo
★★★★★
Fui a buscar una novela de viajes en el tiempo y encontré una sobre quedarse. La recomiendo con el pañuelo a mano y el reloj en hora.
Gael Ortuño · Un segundo por segundo
Una Estanciera, un cometa y cuatro hermanos: el viaje en el tiempo más tierno del año
★★★★★
Me lo leí de un tirón y salí del libro con ganas de llamar a mis hermanos. Ciencia ficción para quien no lee ciencia ficción, con el corazón en su sitio y algún tramo que se alarga más de la cuenta.
Aurelia Vidal · Un segundo por segundo
El tiempo, a un segundo por segundo
★★★★★
Una novela breve de ciencia ficción íntima, con una arquitectura de relojería y una lengua rioplatense contenida que emociona sin trampas; le resto una estrella por cierta insistencia en sus propias imágenes y un epílogo que ata demasiado.
Gael Ortuño · El robo perfecto fue robar tu corazón
Treinta y siete relojes y una vecina que lo apunta todo
★★★★★
Me lo he leído de una sentada y ya tengo en mente a media docena de clientes a los que se lo voy a poner en la mano: un misterio de escalera de vecinos con romance a fuego lento y una protagonista que firma cuando por fin está segura.
Zuri Valdés · El robo perfecto fue robar tu corazón
Treinta y siete relojes y una lupa: el romance que te desmonta pieza a pieza
★★★★★
Me lo leí entero de una sentada y acabé aplaudiendo sola en el sofá: es una comedia de enredos con alma de thriller y corazón de reloj de cuco. Solo le pido un poco menos de giros encadenados al final, pero se lo perdono todo.
Ramiro Etxeberria · El robo perfecto fue robar tu corazón
Un tictac al otro lado del tabique, y una letra que no miente
★★★★★
Me senté a leer una comedia romántica con título de bolero y me levanté con una novela de cotejos caligráficos que me ha hecho subrayar como un estudiante. El título promete menos de lo que el libro cumple.
Nerea Solís · El robo perfecto fue robar tu corazón
Dos cuadernos, un tabique y un reloj que respira
★★★★★
Me ha conquistado cómo Inés y Yoel se leen el uno al otro a través de la letra, los horarios y lo que callan; un romance de método con un misterio vecinal encantador, aunque la trama del reloj se enreda más de lo que el corazón necesita.
Aurelia Vidal · El robo perfecto fue robar tu corazón
Dos cuadernos y un reloj: la letra como coartada
★★★★★
Una comedia de enredo vecinal construida con oficio de relojero, donde cada pieza encaja y el final reescribe todo lo leído sin hacer trampa. Le pongo cuatro estrellas, y no las regalo.
Nerea Solís · Canta a las horas en punto
Un reloj de cuco para aprender a echar de menos
★★★★★
Me ha conmovido más de lo que esperaba de un libro práctico: es riguroso, honesto y amable, aunque a veces le sobra una frase redonda al final de cada capítulo. Lo recomendaría sin dudar a quien esté atravesando una pérdida.
Gael Ortuño · Canta a las horas en punto
Un reloj de cuco para los días en que la casa se queda callada
★★★★★
Es el libro que pondría en las manos de quien acaba de perder algo y no sabe si lo está haciendo bien: sereno, honesto y útil, sin prometer milagros. Le falta algo de sorpresa en la segunda mitad, pero acompaña de verdad.
Zuri Valdés · Canta a las horas en punto
Un cuco, una canaria y el libro sobre el duelo que no te riñe por llorar mal
★★★★★
Lo empecé esperando autoayuda de taza y acabé subrayando media libreta: un libro sobre el duelo honesto, cálido y sin calendario. Le sobra algo de ritmo de manual, pero se lo perdono por la canaria.
Ramiro Etxeberria · Canta a las horas en punto
Un cuco contra el silencio
★★★★★
Un manual de duelo que no sermonea, no promete milagros y sabe cuándo callarse. Le sobran algunas costuras de manual, pero le perdono casi todo por una canaria y un reloj de pared.
Aurelia Vidal · Canta a las horas en punto
Un reloj de cuco contra el silencio: oficio y prudencia en un manual de duelo
★★★★★
Me ha sorprendido un manual de autoayuda que sabe de arquitectura y que es honesto con lo que no sabe; le sobra algo de insistencia didáctica, pero pocas veces he visto una metáfora tan bien sostenida. Cuatro estrellas, y no las regalo.
Ramiro Etxeberria · Cinco minutos antes
El muelle no se entera: Lisboa, 1755, y una relojera que quería atrasar el día
★★★★★
Me ha ganado una novela que sabe que el tiempo solo anda hacia delante y aun así se atreve a mirar atrás con delicadeza. Le sobra algún hilo bien atado, pero le perdono casi todo por la frase del muelle.
Gael Ortuño · Cinco minutos antes
Cinco minutos que pesan un año entero
★★★★★
Me ha tenido pegado al mostrador de principio a fin: una novela histórica sobre el terremoto de Lisboa de 1755 que en realidad habla de las palabras que no se pueden retirar. Se la daría sin dudar a quien busque emoción limpia y oficio bien hecho.
Nerea Solís · Cinco minutos antes
El muelle que solo sabe ir hacia delante
★★★★★
Una novela que entiende la culpa desde dentro y la cura con oficio, paciencia y pan compartido. Me emocionó sin trampas, aunque algún hilo del reencuentro llega demasiado bien atado.
Zuri Valdés · Cinco minutos antes
Cinco minutos que me tuvieron enganchada hasta la última campanada
★★★★★
Una novela histórica que empieza con una pelea entre hermanas y acaba hablándote de cómo se guarda lo que no se puede cambiar. Me hizo parar el metro por dentro más de una vez.
Aurelia Vidal · Cinco minutos antes
Un muelle que solo sabe ir hacia delante
★★★★★
Una novela histórica de oficio limpio y metáfora bien engrasada, que convierte el terremoto de Lisboa en una meditación sobre la culpa y el tiempo. Le sobran algunas casualidades, pero le doy cuatro estrellas, que en mí no son poca cosa.
Zuri Valdés · La bailarina y el número 113
Una castañuela que pregunta y me dejó sin respuesta (en el buen sentido)
★★★★★
Llegué escéptica a otra novela sobre un prócer y salí con el nudo en la garganta en pleno metro. Es delicada, luminosa y sabe convertir un verso famoso en una historia que no sabías que necesitabas.
Gael Ortuño · La bailarina y el número 113
Una castañuela que pregunta y otra que contesta
★★★★★
La he cerrado con un nudo en la garganta y ganas de buscar los Versos sencillos. Se la daría a cualquiera que disfrute de la historia contada en voz baja, sin héroes de mármol.
Ramiro Etxeberria · La bailarina y el número 113
Una castañuela que pregunta y un siglo que tarda en contestar
★★★★★
Me ha ganado una novela que cuenta el presidio de Martí sin odio y con hilo encarnado. Le sobra algún adorno, pero el baile en la cantera es de los que se quedan.
Nerea Solís · La bailarina y el número 113
Una castañuela que pregunta y otra que contesta
★★★★★
Me ha emocionado de verdad: una novela sobre la dignidad que se elige en los gestos pequeños, con personajes que respiran. Le sobra algo de simetría, pero la ternura es auténtica.
Aurelia Vidal · La bailarina y el número 113
El hierro y la madera: una castañuela que pregunta durante veinte años
★★★★★
Una novela histórica de oficio limpio, que convierte un poema de Martí en una historia sobre la dignidad sin odio; le sobran algunas simetrías demasiado subrayadas, pero me ganó. Cuatro estrellas, y no las regalo.
Gael Ortuño · Las manos a las diez y diez
Cambiarse de asiento a los cuarenta y siete
★★★★★
Me ha ganado una novela tierna y con mucho humor sobre una mujer que aprende a conducir y, de paso, a decidir adónde quiere ir. No inventa la rueda, pero la hace girar con muchísimo cariño.
Ramiro Etxeberria · Las manos a las diez y diez
Espejo, señal y una libreta azul
★★★★★
Me subí escéptico y me bajé subrayando frases. Una novela amable, a veces demasiado previsible, pero con un oído para la frase que ya quisieran muchos con más ínfulas.
Nerea Solís · Las manos a las diez y diez
Cambiarse de asiento a los cuarenta y siete
★★★★★
Una novela tierna y luminosa sobre tres generaciones de mujeres que aprenden a pedir para sí mismas; me la creí casi entera, aunque a veces subraya lo que ya había entendido.
Zuri Valdés · Las manos a las diez y diez
Cambiarse de asiento a los cuarenta y siete: la novela que me hizo aplaudir a un monovolumen
★★★★★
Me ha ganado una novela tierna, divertidísima y con más verdad de la que aparenta sobre dejar de ir siempre de copiloto. Le sobra algún malentendido de manual, pero la he cerrado sonriendo con los dos lados de la boca.
Aurelia Vidal · Las manos a las diez y diez
Cambiar de asiento a los cuarenta y siete
★★★★★
Una novela de oficio impecable, tierna y muy bien medida, que convierte una autoescuela en una metáfora generosa sobre el derecho a elegir el propio camino. Le sobra algo de simetría, pero la he subrayado con gusto.
Nerea Solís · Quien levantaba la persiana
La persiana que sigue subiendo: un manual que se lee como una vida
★★★★★
He leído un libro de ayuda para familias con alzhéimer que, gracias a los Vidal, consigue algo raro en el género: que las pautas se sientan antes de entenderse. Algún recurso se repite y algún diálogo suena a ejemplo de manual, pero lo recomiendo sin reservas a quien cuida.
Zuri Valdés · Quien levantaba la persiana
La ferretería que me hizo llorar en el metro (y tomar apuntes)
★★★★★
Un libro de autoayuda sobre el alzhéimer que no suena a folleto: los Vidal me atraparon desde la primera persiana y me fui con herramientas de verdad. Algo repetitivo en su estructura, pero lo recomendaría a cualquiera que esté cuidando a alguien.
Gael Ortuño · Quien levantaba la persiana
Una ferretería, una familia y el mapa que nadie te da cuando llega el alzhéimer
★★★★★
Es el libro que pondría en las manos de quien entra en la librería con la carpeta del neurólogo bajo el brazo y cara de no haber dormido. Práctico, cálido y honesto, sin prometer milagros.
Ramiro Etxeberria · Quien levantaba la persiana
La persiana que no se oxida
★★★★★
Un manual para familias con alzhéimer que no sermonea, no promete milagros y sabe cuándo callarse. Me ha hecho subrayar más de lo que admitiría en público.
Aurelia Vidal · Quien levantaba la persiana
Una persiana que se sigue abriendo: oficio y ternura en un manual para familias
★★★★★
Un manual de acompañamiento sobrio, honesto y muy bien construido, que hace de una familia inventada un hilo narrativo de verdad. Le sobran algunas fórmulas repetidas, pero pocas veces he visto tanta prudencia unida a tanta calidez.
Gael Ortuño · Cuarto sin ascensor
Ochenta y cuatro escalones que se suben con gusto
★★★★★
Es una novela que abriga, con personajes a los que acabas echando de menos. Se la doy sin dudar a quien necesite una historia amable, aunque aviso de que el final ata los cabos con demasiada prisa.
Ramiro Etxeberria · Cuarto sin ascensor
Ochenta y cuatro escalones y ni un portazo
★★★★★
Me subí al cuarto piso con el ceño fruncido y bajé con ganas de que alguien me dejara caldo en el cazo pequeño. Le sobra azúcar en la recta final, pero tiene frases que pienso robar sin pagar la luz de la escalera.
Zuri Valdés · Cuarto sin ascensor
Ochenta y cuatro escalones que se suben solos
★★★★★
Me lo leí entero en tres trayectos de metro y una noche que debió ser de sueño. Es una novela coral tierna, con una casera inolvidable; a veces se pasa de dulce, pero la quise igual.
Nerea Solís · Cuarto sin ascensor
Ochenta y cuatro escalones hacia dentro
★★★★★
Me quedo con una casa que se cuida sin hacer ruido y con personajes que respiran de verdad; le perdono que, al final, quiera atar todos los nudos con lazo.
Aurelia Vidal · Cuarto sin ascensor
Ochenta y cuatro escalones de buena voluntad
★★★★★
Leí «Cuarto sin ascensor» con una sonrisa y con el lápiz en la mano: tiene oficio, motivos bien trenzados y un elenco entrañable, pero no se atreve a dejar ni una herida abierta. Es una novela amable que habría sido mejor si confiara más en el lector.
Ramiro Etxeberria · La última fila
Un médico en la última fila y un lector que acabó subrayando
★★★★★
Fui a por un manual de autoayuda con la escopeta cargada y salí con el lápiz gastado. Honesto, útil y con más oficio narrativo del que el género suele permitirse.
Nerea Solís · La última fila
Un año de cuadernos para aprender a no tener prisa
★★★★★
Me ha conmovido ver a JJ equivocarse con tanta verdad; es un libro de psicología práctica que respira como una novela pequeña y sabia. Le pongo algún pero a su cuidado excesivo, pero lo recomiendo sin dudar.
Gael Ortuño · La última fila
Un año de cuaderno para quien acaba de colgar la bata
★★★★★
Lo pondría en las manos de cualquiera que se acabe de jubilar y no sepa qué hacer con los lunes: es amable, práctico y no vende humo. Le sobra algo de repetición, pero se lee como quien conversa con un buen amigo.
Zuri Valdés · La última fila
Un médico jubilado, un cuaderno y la pregunta más incómoda del mundo
★★★★★
Fui a por un libro de autoayuda y me encontré con una novela pequeña y tierna que, además, te deja ejercicios que funcionan. Me ha cambiado la forma de mirar mis tardes libres, y eso que me queda media vida para jubilarme.
Aurelia Vidal · La última fila
Un año de historia clínica, contado con pulso de novelista
★★★★★
Me ha sorprendido un manual de psicología que se lee como una novela breve y que nunca promete más de lo que puede dar. Le pongo cuatro estrellas, que en mí no es poco, y solo le reprocho cierta previsibilidad en su arquitectura.
Zuri Valdés · Siete días en el patio
Siete días, un aljibe y yo llorando en el metro
★★★★★
Me ha atrapado desde la tinta negra escurriendo por las losas del patio y no me ha soltado hasta el muelle. Romance histórico pausado, sensorial y con oficio, que a veces se pasa de bonito pero que se gana cada suspiro.
Ramiro Etxeberria · Siete días en el patio
Tinta, cola y un ciclón con buenos modales
★★★★★
Un romance histórico pequeño y bien cosido, que confía en los oficios más que en los suspiros. Le sobra algún subrayado y le falta un poco de riesgo, pero lo he leído con el lápiz en la mano, que es mi forma de rendirme.
Gael Ortuño · Siete días en el patio
Una semana en La Habana que huele a cola, tinta y mamey
★★★★★
Me lo llevaría a casa para una tarde de domingo lenta: es un romance tierno, bien documentado y muy sensorial, aunque a ratos va tan sobre seguro que adivinas el siguiente paso. Para quien quiere suspirar sin sobresaltos, es de los buenos.
Nerea Solís · Siete días en el patio
Dos manos de taller y una semana que no fue espera
★★★★★
Un romance histórico delicado, de oficio y de gestos pequeños, donde lo que no se dice pesa tanto como lo que se dice. Me quedo con la tía Amélia y con un componedor que, por fin, deja de deshacerse.
Aurelia Vidal · Siete días en el patio
Un lomo bien cosido en La Habana de 1926
★★★★★
Un romance histórico de factura artesanal, con una metáfora de oficio que sostiene todo el libro y una tía que vale media novela. Le sobra algo de simetría y le falta algún riesgo, pero me ha ganado.
Ramiro Etxeberria · La bata en la percha
Una bata, una percha y ninguna prisa
★★★★★
Un libro de autoayuda que no grita, no promete milagros y sabe cuándo mandarte al médico. Me ha ganado un jubilado ficticio que ordena especias por orden alfabético, y eso a mi edad tiene mérito.
Gael Ortuño · La bata en la percha
Una bata colgada y una pregunta que pica: el libro para el recién jubilado de tu vida
★★★★★
Me ha parecido el libro que regalaría a cualquiera que acabe de colgar el uniforme: cercano, honesto y con ejercicios que de verdad se pueden hacer en la mesa de la cocina. Algo previsible en su estructura, pero acompaña muy bien.
Nerea Solís · La bata en la percha
Una bata que por fin encuentra su tamaño
★★★★★
Me ha conmovido más de lo que esperaba de un libro de autoayuda: JJ respira, Elena tiene voz propia y las herramientas llegan cuando el personaje las necesita. Un acompañamiento sereno y honesto para quien cuelga su propia bata.
Zuri Valdés · La bata en la percha
La bata en la percha: un libro de autoayuda que no te grita
★★★★★
Me esperaba un manual plomizo para jubilados y me encontré con JJ, un médico al que acabé queriendo como a un tío favorito. No es para mí todavía, pero se lo he mandado a mi padre esta misma tarde.
Aurelia Vidal · La bata en la percha
Una bata, una percha y once capítulos de oficio
★★★★★
He leído un manual de psicología práctica que se deja leer como una novela breve, con un hilo narrativo sostenido y una honestidad poco frecuente en el género. Le sobra algo de simetría y le falta algún riesgo, pero merece la estantería.
Zuri Valdés · Cartas a oscuras
Cartas a oscuras: diez historias de amor contadas con la luz apagada
★★★★★
Lo he leído de un tirón y con hambre de pan de manteca. Las cartas son preciosas; lo que ocurre al otro lado del cristal se ve venir de lejos, pero me lo he creído igual.
Ramiro Etxeberria · Cartas a oscuras
Diez cartas y un generador que no sabe callarse
★★★★★
Un libro tierno, bien oído y mejor escrito, con cartas que valen por sí solas y un hilo central que repite su chiste una vez de más. Lo subrayé entero, que en mí ya es confesión.
Gael Ortuño · Cartas a oscuras
Cartas a oscuras: un libro para leer con la luz justa
★★★★★
Me ha ganado a fuego lento, carta a carta, como un pan de manteca en fogón de carbón. Se lo daría a quien quiere ternura sin almíbar y no le importa adivinar el final desde lejos.
Nerea Solís · Cartas a oscuras
Diez semanas leyendo el amor ajeno sin ver el propio
★★★★★
Me quedo con las cartas: cada una es una pequeña vida verdadera, contada con oficio y ternura. El hilo de Dalia e Ismael funciona, aunque la ceguera de él se repite tanto que acaba pareciendo un recurso más que un rasgo.
Aurelia Vidal · Cartas a oscuras
Diez cartas y una libreta azul: el amor a la luz del quinqué
★★★★★
Una novela tierna y bien construida, con cartas de oficio admirable y un marco cuyo mecanismo se repite demasiado; me ha emocionado más de lo que quisiera admitir, pero no puedo pasar por alto la insistencia.