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Un tictac al otro lado del tabique, y una letra que no miente

Ramiro Etxeberria

2 de noviembre de 2026

★★★★★

Tuve un vecino que tocaba el oboe a medianoche. Le escribí una nota furiosa, la rompí, escribí otra educada y nunca la entregué. Inés Salvatierra, perito caligráfica y protagonista de esta novela, sí entrega la suya. Con hora, con estilográfica y en el folio bueno, porque las tachaduras dicen más de quien escribe que las palabras. Ahí me ganó.

Vaya por delante mi única queja seria: el título. «El robo perfecto fue robar tu corazón» suena a canción de verano, y el libro es todo lo contrario. Es seco, preciso y desconfiado de los adjetivos. Quien lo compre esperando suspiros encontrará actas de comunidad y lupas. Mejor para él, aunque no lo sepa todavía.

La premisa es sencilla. Un relojero cubano se muda al 3ºB con treinta y siete relojes, la vecina se queja, él responde a mano, y ella reconoce esa letra. Luego desaparece el reloj del portal, de 1912, y la comedia de rellano se convierte en una pesquisa de escalera. Lo de «comedia negra» es generoso: aquí nadie sangra, solo se falsifican firmas y se aseguran cosas que no deberían asegurarse.

Lo que brilla son las frases. «La gente que se entera de algo pregunta cómo. La que ya lo sabe pregunta si estás segura». O ese café que «sabía a algo que había sido café a media tarde». Montes y Falcón escriben con la economía de un informe pericial y el oído de un sainete. Y los secundarios roban escenas sin pedir permiso: Encarna, la portera que lo apunta todo y no lo usa nunca, y la señora del 3ºC, que lee las novelas empezando por la última página. Yo no haré eso por ustedes.

Lo que sobra, poco. La acústica del hueco de la escalera trabaja más horas de las verosímiles, y en el último tercio las revelaciones llegan en fila, como pasajeros de un autobús que se ha retrasado. El administrador villano tiene una sonrisa bien hecha, pero poco más dentro. Son defectos de relojería, no de diseño.

Hay además un juego de espejos entre los dos protagonistas, cada uno convencido de llevar la iniciativa, que se resuelve con una elegancia que no pienso estropear. Baste decir que conviene fijarse en quién firma qué.

Una novela pequeña, limpia y llena de mecanismos. De las que se leen y luego se escuchan.

El robo perfecto fue robar tu corazón

Valeria Montes y Marlon Falcón

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Columnista gruñón con debilidad por las buenas frases