Un año de cuaderno para quien acaba de colgar la bata
Hay libros que uno recomienda con la mano en el hombro del cliente. «La última fila» es de esos. Lo veo claro: entra alguien de sesenta y tantos, compra un regalo para otro y acaba preguntando, medio en broma, si hay algo para él. Pues sí, hay algo.
El libro sigue a JJ, un médico que se jubila y descubre que su cuerpo sigue despertándose a las seis y cuarenta como si el hospital lo esperara. A partir de ahí, cada capítulo arranca con una escena suya, una mañana en la cocina, una clase de historia del arte donde no sabe qué es un arbotante, un malentendido con su mujer por culpa de una piscina, y luego se detiene a explicar qué está pasando por dentro y propone un ejercicio sencillo con cuaderno. Es una fórmula vieja, pero aquí funciona porque JJ cae bien. Se equivoca, llena la agenda para no sentir el vacío, se convierte en el médico oficioso de media calle y se pasa de rosca. Uno se ríe y se reconoce.
Lo que más me gusta es que no promete milagros. Desconfía con gracia de las aplicaciones que te dejan «la cabeza de uno de cuarenta», reconoce que la memoria cambia con la edad y dedica un capítulo valiente a decir que no todo se arregla pensando distinto: una pensión que no llega, cuidar a una madre enferma o perder a la pareja piden ayuda real, no ejercicios. Y cada vez que toca algo serio, recomienda hablar con un profesional sin dramatizar. Eso, en un libro de autoayuda, es casi una rareza.
El ritmo es tranquilo, de capítulos cortos que se pueden leer uno por noche. Ahí está también su pega: la estructura se repite mucho (escena, explicación, ejercicio, frase final redonda) y hacia la mitad uno ya sabe cuándo va a llegar la moraleja. Algunas ideas, como la creencia de «solo valgo si sirvo para algo», vuelven tres o cuatro veces con distinto disfraz; el libro lo hace a propósito y tiene sentido, pero a ratos se nota. Las citas a Séneca, Epicteto o Frankl están bien traídas, aunque no esperéis filosofía honda: son pinceladas.
¿Para quién es? Para quien se acaba de jubilar o está a punto, sobre todo si ha tenido un oficio de esos que te definen. También para sus parejas e hijos, que entenderán mejor por qué el abuelo ahora reordena las especias. No es para quien busque un ensayo académico ni para quien ya tenga la jubilación bien encarrilada.
Mi consejo: leedlo con un cuaderno al lado, despacio, en esas primeras semanas raras. No os dirá qué hacer con vuestra vida, pero os ayudará a no decidirlo en el pasillo.
La última fila
Mateo Quiroga y Marlon Falcón
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