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Una ferretería, una familia y el mapa que nadie te da cuando llega el alzhéimer

Gael Ortuño

2 de noviembre de 2026

★★★★★

Hay libros que vendo por la portada y libros que vendo por la cara de quien entra. «Quien levantaba la persiana», de Mateo Quiroga y Marlon Falcón, es de los segundos. Lo recomendaría a esa persona que pregunta, en voz baja, si tengo algo sobre alzhéimer que no sea un manual médico ni un drama para llorar.

El libro sigue a los Vidal, una familia inventada que llevó una ferretería de barrio durante treinta y ocho años. Julián empieza a olvidar pedidos, a tardar una hora y media en un trayecto de veinte minutos, y su mujer, Rosa, y sus hijos, Elena y Andrés, hacen lo que hacemos todos: buscar la explicación menos dolorosa. A partir de ahí, cada capítulo abre con una escena de la familia, explica qué está pasando y termina con un ejercicio sencillo. Es una estructura que funciona muy bien: la historia te engancha y la parte práctica no se siente como una clase.

Lo que más me ha gustado es lo concreto que es. No se queda en «ten paciencia»: te propone preparar tres respuestas cálidas para las preguntas que más se repiten en casa, apuntar qué pasa antes de cada enfado, cambiar el «¿te acuerdas?» por fijarte en cómo está él cuando te vas. Hay capítulos sobre las llaves del coche, el dinero, el reparto entre hermanos, la culpa de sentir alivio al salir por la puerta y el centro de día. Toca todo lo que una familia acaba viviendo, y siempre remite al médico o al trabajador social cuando toca, sin hacerse el listo.

También es honesto. Dice claramente que no hay cura y no vende esperanzas falsas, pero insiste en que los cuidados cambian mucho cómo se vive cada día. Y no se olvida de quien cuida: el capítulo sobre el cansancio de Rosa, que dice «bien, cansada, como todo el mundo», me pareció de lo mejor.

Pegas, pocas. La metáfora de la ferretería aparece tanto que a ratos se nota el andamio, y las citas a los estoicos y a Frankl son breves, casi de pasada. Algún lector con más prisa echará de menos un índice de temas para ir directo a lo que le preocupa esa semana.

¿Cuándo leerlo? Al principio, cuando todavía no hay diagnóstico pero sí sospecha. Aunque también sirve más tarde, a capítulos sueltos, en la mesilla. Y si en la familia hay un hermano que vive lejos y opina mucho, regaládselo a él también.

No se lee de un tirón porque no hace falta: se lee despacio, con un lápiz. Y se termina con la sensación de que alguien te ha acompañado.

Quien levantaba la persiana

Mateo Quiroga y Marlon Falcón

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Librero de barrio que recomienda a quien entra por la puerta