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Una bata colgada y una pregunta que pica: el libro para el recién jubilado de tu vida

Gael Ortuño

2 de noviembre de 2026

★★★★★

Hay una pregunta que todos hemos hecho con la mejor intención en una despedida con tarta: «¿Y ahora qué vas a hacer?». «La bata en la percha», de Mateo Quiroga y Marlon Falcón, nace justo ahí, en el último día de JJ, médico de familia que vacía sus cajones tras casi cuarenta años y se lleva a casa esa pregunta como una piedrecita en el zapato.

Lo que más me ha gustado es la fórmula. No es una novela ni un manual seco: cada capítulo sigue a JJ en un tropiezo reconocible y luego se detiene a explicar qué está pasando y qué se puede hacer. La panadera que deja de llamarlo «doctor», la estantería ordenada dos veces, las especias colocadas por orden alfabético que desatan la conversación pendiente con Elena, su mujer. Son escenas pequeñas, con humor amable, y por eso funcionan: el lector se ve dentro sin sentirse señalado.

Detrás hay mimbres serios, contados sin jerga. Aparecen Albert Ellis, Aaron Beck, Viktor Frankl, Epicteto o Séneca, pero siempre al servicio de algo práctico: un registro de pensamientos, tres columnas para separar lo que depende de uno, una escalera para perder el miedo a ser principiante, una semana diseñada desde los valores. Ejercicios de papel y bolígrafo que cualquiera puede probar una tarde. Y me parece muy responsable cómo el libro recuerda, sin dramatismo, cuándo conviene pedir ayuda a un profesional.

El ritmo es tranquilo, de capítulos que se leen en un café. Si le pongo un pero, es que la estructura se vuelve previsible a mitad de camino: escena, explicación, ejercicio, advertencia, imagen final redonda. Algunas metáforas cierran el capítulo con demasiado lazo. También es un libro de clase media acomodada, con pareja estable y pensión que más o menos cuadra; lo reconoce con honestidad, pero quien viva una jubilación más dura puede echar en falta otros caminos.

¿Para quién es? Para quien se ha jubilado hace poco o lo hará este año, y también para su pareja, que tiene su propio capítulo y bien merecido. Sirve igual al maestro que a la electricista o al jefe de almacén: la bata es solo el ejemplo. Lo recomendaría leer despacio, un capítulo por semana, con la libreta al lado. Y ojo, que también es un regalo estupendo para esa despedida con tarta, mejor que otra taza.

No cuento cómo termina el año de JJ, pero sí os digo que la bata acaba teniendo el tamaño justo. Y que uno cierra el libro con ganas de hacerse la pregunta de verdad, sin prisa por contestarla.

La bata en la percha

Mateo Quiroga y Marlon Falcón

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