Dos cuadernos y un reloj: la letra como coartada
Pocas veces una queja por ruidos abre tantas puertas. «El robo perfecto fue robar tu corazón», de Valeria Montes y Marlon Falcón, arranca con una perito calígrafa que no puede dormir porque su nuevo vecino, relojero, ha traído consigo treinta y siete relojes. Lo que parece una comedia romántica de rellano se convierte pronto en una pesquisa sobre un reloj de portal desaparecido, una administración de fincas poco escrupulosa y una portera que lo apunta todo y no lo usa nunca.
El gran acierto del libro es su arquitectura. Los autores alternan dos métodos que se espejan: el plan de Yoel, enunciado como un atraco de película, y el cuaderno de Inés, redactado con la sequedad de un sumario judicial. Esa doble contabilidad sostiene el humor y, sobre todo, la intriga. Cada detalle sembrado con aparente descuido, un lápiz recién afilado, una zeta que baja de la línea, una hoja que se transparenta, regresa con función precisa. Es la lección de Chesterton bien aprendida: el lector tiene todas las pistas y aun así se sorprende, porque estaba mirando hacia donde la narración quería.
La prosa merece mención aparte. Frases cortas, precisas, con un gusto casi epigramático por la réplica: «No me ha mentido. Ha elegido qué me contaba. Es peor, porque está mejor hecho». La voz es coherente con su protagonista: contenida, notarial, irónica sin estridencias. El vocabulario del oficio, el escape de áncora, el cuadradillo, el gancho de la «d», está usado con naturalidad y nunca como decorado. Los secundarios, Toño, Encarna, la impagable señora del 3ºC, tienen el tamaño justo y algún momento de verdadera gracia.
Pongo dos reparos. El primero es de dosificación: la segunda mitad acumula hallazgos documentales a un ritmo que, por momentos, recuerda más a un informe pericial que a una novela, y alguna coincidencia, como la dirección social de la empresa restauradora, pide al lector una buena dosis de complicidad. El segundo es la etiqueta: lo de «comedia negra» es generoso. Hay un fraude y una intriga, pero el tono es amable, más cercano al enredo costumbrista que a la sombra. El título, además, promete un melodrama que el libro, por fortuna, no es.
Nada de ello empaña el conjunto. Es una historia limpia, ingeniosa y respetuosa, apta para cualquier lector adulto, que entiende que el amor también puede contarse como un cotejo caligráfico: atendiendo a la pausa, a la presión, al sitio donde la mano se detiene. La última página, que no desvelaré, cierra el círculo con una sola palabra bien elegida. Cuatro estrellas, merecidas por el oficio y por el placer de ver encajar los tornillos en sus agujeros antiguos.
El robo perfecto fue robar tu corazón
Valeria Montes y Marlon Falcón
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