Fantasía y realismo mágico
La puerta que aprendió a nadar
En Caleta del Silencio, quien se va al otro lado del mar se lleva la puerta de su casa. Tavito Cabrera tiene catorce años, unas orejas grandes para oír mejor y una puerta azul con un pez de bronce sin cola. Con ella, cuatro cámaras infladas con el aliento de todo el pueblo y una lluvia embotellada llamada Adelaida, zarpa en busca de su madre. Pero en mitad del agua aparece un señor de guayabera blanca que camina sobre las olas: es el mar, y cobra peaje en recuerdos. Los hombres de la familia llevan generaciones pagándole con la memoria de su hogar. Para llegar entero, Tavito tendrá que inventar otra manera de pagar.
Mateo Quiroga y Marlon Falcón
La máquina de devolver domingos
Juan Arboleda nació entre los manglares del Pacífico y aprendió de su abuela Eusebia que el tiempo es como la marea: lo que se va, vuelve. En un pueblo costero de Australia donde las gaviotas no cantan, un paseo de domingo se tuerce en la niebla y le arrebata a su esposa y a sus dos hijos. Todos los relojes se detienen a las cinco y diecisiete. Con relojes prestados por los vecinos, caracolas, un péndulo y una caja de música, el ingeniero construye en su garaje una máquina para volver a ese día. Pero el mar no regala: cada viaje cobra su precio. Una novela corta y tierna sobre el duelo y los días que no supimos mirar.
Mateo Quiroga y Marlon Falcón
El río que se olvidaba de nosotros
En San Ruperto de las Mareas la lluvia tiene nombre propio y el río Guandal se acuerda de todo: del primer diente de cada niño, de las recetas con sus trece secretos, de los amores que no se dijeron. Cada noche, una mujer Mosquera le cuenta el pueblo para que no lo olvide. Pero una mañana desaparece la calle de los panaderos y solo queda el olor a pan de coco. Celestina, afinadora de pianos, regresa llamada por una carta escrita por la lluvia y descubre que su abuela Saturnina murió hace tres meses sin enterarse. Para salvar al pueblo deberá heredar un oficio cuyo precio es olvidar la propia vida… o encontrar la manera de cambiarlo.
Mateo Quiroga y Marlon Falcón