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«Todavía tú»: un manual de pareja que se lee como una novela pequeñita

Zuri Valdés

2 de noviembre de 2026

★★★★★

Confieso que abrí «Todavía tú» con la ceja levantada. Un libro de psicología práctica para parejas que llevan cuarenta años juntas, y yo con veintitantos y una relación que dura lo que tarda en enfriarse un café. Pensé: esto no me va a atrapar en diez páginas. Me atrapó en dos. Culpa de una merluza.

Mateo Quiroga y Marlon Falcón hacen algo muy listo: inventan a Elena y Ramón, un matrimonio de jubilados, y los usan como hilo de toda la obra. Cada capítulo empieza con una escena suya, pequeña, cotidiana, de esas que no parecen nada, y a partir de ahí explican una idea: los pensamientos automáticos, la lectura de mente, los «debería», la sobreprotección, el rencor antiguo. Así, la teoría nunca flota en el aire. Siempre tiene una rodilla dolorida o una cámara que tiembla en las manos de alguien.

Y funciona. Hubo un momento, al final del segundo capítulo, en que tuve que cerrar el libro y mirar por la ventanilla del vagón. Una conversación cortada antes de empezar, una revisión médica a la que alguien va sola. Tres líneas. Me dejaron tocada. Pensé en mis padres, en mis abuelos y, vale, también en mí.

Lo mejor es su honestidad. No vende parejas perfectas ni fórmulas mágicas. Cada vez que propone un ejercicio, te avisa de sus límites: esto no sirve si hay miedo o maltrato, esto no arregla una pensión que no llega, aquí toca ir al médico. Y lo hace sin dramatizar. Las referencias a Epicteto, Séneca, Beck, Ellis o Frankl están bien dosificadas, explicadas para cualquiera y nunca para presumir. El capítulo sobre el cuidador agotado me pareció especialmente necesario.

¿Pegas? La estructura es muy repetitiva: escena, idea, ejercicio, escena que se resuelve bonita. Hacia la mitad ya sabes que Elena y Ramón van a hablarlo y salir un poquito mejor, y eso le quita tensión. Algunas resoluciones son demasiado limpias para lo complicada que es la vida real. Y la metáfora del tren, preciosa al principio, acaba tan exprimida que casi pedí bajarme en la siguiente estación.

Aun así, el libro tiene algo que muchos manuales no tienen: ternura sin cursilería. Se nota que quiere ayudar de verdad, y lo consigue con un tono cercano, con humor suave y con detalles que se quedan, como un billete de tren guardado en una cartera.

No es solo para parejas mayores. Es para hijos que quieren entender a sus padres y para cualquiera que comparta casa con alguien a quien ya cree conocer de memoria. Yo pienso regalarlo. Y pienso preguntar más y suponer menos.

Todavía tú

Mateo Quiroga y Marlon Falcón

Ver el libro

Lectora voraz de veintitantos, sin paciencia para lo aburrido