La merluza como método
Mi mujer dice que llevo treinta años pidiendo el mismo plato en el mismo restaurante. Yo digo que es fidelidad. Leyendo «Todavía tú», de Mateo Quiroga y Marlon Falcón, descubrí que también podría ser colesterol, y que lo grave no es la merluza, sino lo que ella piensa de mi merluza. Y viceversa.
El libro es un manual de psicología práctica para parejas que ya cruzaron la jubilación, con herramientas de la terapia cognitivo-conductual y un poco de estoicismo de bolsillo: Epicteto, Séneca, Ellis, Beck, Frankl. Hasta aquí, nada que no haya en mil estanterías. Lo que lo distingue es Elena y Ramón, una pareja inventada que atraviesa el libro entero y lo convierte casi en novela. Ella tiene una rodilla que protesta; él, unas manos que tiemblan y una despensa ordenada alfabéticamente. Cada capítulo empieza con una escena suya y termina con un ejercicio. Funciona. Te enganchas a ellos como a unos vecinos simpáticos.
Lo que brilla son las escenas pequeñas. Ramón contestando a la fisioterapeuta por su mujer. Elena diciendo que está «bien cuidada y un poco desaparecida». El café que tarda el triple y sabe mejor. Los autores entienden que el desgaste de una pareja larga no hace ruido, y escriben en voz baja, que es lo que el tema pide. Hay frases que subrayé, yo, que juro no subrayar: «La ternura no se jubila. Cambia de forma, como cambia el paso».
Lo que sobra, que algo sobra. La metáfora del tren aparece tanto que uno acaba pidiendo bajarse en la siguiente estación. Maletas, ventanillas, billetes, trayectos: la idea es buena, pero se repite como un revisor insistente. Y las advertencias sobre buscar ayuda profesional, necesarias y bien hechas, vuelven casi en cada capítulo. Entiendo la prudencia. Pero un lector adulto se queda con el aviso a la segunda.
También se nota cierta pulcritud de catálogo: todos los conflictos se resuelven con una conversación tranquila en una tarde de lluvia. La vida suele ser más torpe. Ellos lo saben, y lo admiten con una merluza seca y discusiones que siguen, pero la estructura capítulo, problema, ejercicio, reconciliación acaba siendo previsible.
Aun así, es un libro honesto. No promete parejas perfectas, que según ellos «suelen tener muy buenos fotógrafos». Explica sin condescender, trata la vejez sin lástima y el cuidado sin heroísmo. Se lo regalaría a mis amigos de setenta y, con más motivo, a sus hijos.
Anoche pedí lo de siempre. Mi mujer me preguntó por qué. Esta vez no sonó a reproche. Le contesté. Treinta años después, todavía hay conversaciones pendientes en un plato de pescado.
Todavía tú
Mateo Quiroga y Marlon Falcón
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Columnista gruñón con debilidad por las buenas frases
