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Elena, Ramón y la merluza: un manual que respira como una novela

Nerea Solís

2 de noviembre de 2026

★★★★★

Llevo años desconfiando de los libros de autoayuda que inventan parejas de ejemplo. Suelen ser maniquíes: dicen la frase justa, cometen el error justo y se corrigen a tiempo para el siguiente epígrafe. «Todavía tú», de Mateo Quiroga y Marlon Falcón, parte del mismo recurso y, sin embargo, consigue algo raro en el género: que Elena y Ramón importen.

El libro se apoya en la terapia cognitivo-conductual, en Ellis, Beck y unos cuantos estoicos para hablar del desgaste cotidiano en las parejas mayores: la lectura de mente, los «deberías», la jubilación que convierte la casa en territorio en disputa, el cuidado que se vuelve sobreprotección. Lo valioso es que cada idea llega encarnada. La merluza del aniversario, que Elena lee como aburrimiento y que en realidad esconde un colesterol callado, explica mejor que cualquier definición qué es un pensamiento automático. Y la despensa ordenada alfabéticamente, con las lentejas entre la harina y los macarrones, dice todo sobre un hombre recién jubilado que no sabe dónde ponerse.

Como lectora de personajes, me quedo con los detalles pequeños, que son los que suenan verdaderos: Ramón escondiendo la cámara para que no se vea el temblor de sus manos, Elena colocándose detrás de los nietos en las fotos, él esperando en la puerta de la cocina con las manos en los bolsillos para no ayudar. Ahí no hay lección, hay observación clínica hecha con cariño. También agradezco que los autores no vendan milagros: la merluza final sale algo seca y ellos siguen discutiendo.

No todo funciona igual. Algunas reconciliaciones se resuelven con una facilidad que no siempre convence; la vieja herida de la madre de Elena, treinta años enquistada, se desata en una sola conversación demasiado ordenada. Y los avisos sobre cuándo buscar ayuda profesional, necesarios y bien planteados, se repiten tanto que a veces interrumpen el pulso del capítulo. La metáfora del tren, bonita al principio, acaba algo gastada.

Aun así, los ejercicios son claros, aplicables y respetuosos, y el tono nunca condesciende con sus lectores mayores. El libro trata la intimidad, el miedo a la pérdida y el duelo con delicadeza, sin dramatismo ni frases de taza de desayuno. Hay incluso humor, ese que los autores describen como la forma más digna de estar triste.

Lo cerré pensando en una pregunta que se queda dentro: cuándo fue la última vez que miramos a alguien conocido como a alguien que aún puede sorprendernos. Que un manual práctico deje eso es, para mí, su mejor resultado.

Todavía tú

Mateo Quiroga y Marlon Falcón

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Psicóloga y lectora de personajes