Una linterna para las noches de corte
Hay libros de autoayuda que entran en la librería con traje de domingo y prometiendo que, si piensas en positivo, se te arregla la vida. Este no. «Lo que el apagón no se lleva» llega en chanclas, con calor y con el arroz a medio hacer, y eso es justo lo que me ha ganado desde la primera página.
La idea es sencilla y está muy bien hilada: una familia, la de Marta, y unos cuantos vecinos de la calle de los almendros viven cortes de luz, colas, agua que no llega y parientes que se fueron lejos. Cada capítulo arranca con una escena de esa vida cotidiana y, desde ahí, Mateo Quiroga y Marlon Falcón explican una herramienta de la psicología cognitivo-conductual o una idea de los estoicos. Pensamientos automáticos, lo que depende de nosotros, la incertidumbre, la rabia, el cuerpo cansado, la soledad, el sentido. Nada de jerga: todo se entiende con un saco de arroz, unas gafas de sol a medianoche o una mano abierta frente a un puño cerrado.
Lo que más me gusta es su honradez. Insiste en que sentirse mal no es un defecto, en que el libro no va a cocinarte la cena ni devolver la luz a tu calle, y en que las técnicas sirven para sacar algunas piedras del saco, no todas. Cada ejercicio es pequeño, práctico y se puede hacer con lápiz y vela. Y cada capítulo recuerda, sin dramatismo, cuándo conviene pedir ayuda profesional. El último está dedicado precisamente a eso, y lo trata con un cuidado que se agradece.
El ritmo es tranquilo, de capítulos cortos que se leen en un rato. Los personajes acaban importando: Tomás y su sillón convertido en sala de espera, la abuela Elena enseñando letras junto a la ventana, Andrés y su noticiero de linterna. Hay ternura y humor sin que nada se vuelva cursi.
¿Pegas? Alguna. La estructura es muy repetitiva, escena, idea, matices, ejercicio, advertencia, cierre con frase redonda, y quien lo lea de un tirón puede notar el molde. Algunas de esas frases finales buscan demasiado el subrayado. Y quien ya conozca la terapia cognitiva encontrará poco nuevo; su valor está en cómo lo cuenta, no en lo que descubre.
¿Para quién es? Para quien vive tiempos de escasez o de incertidumbre larga, para quien sostiene una casa y está agotado, para familias que quieran leerlo a ratos y comentarlo. También para quien desconfía de la autoayuda y busca algo que no le tome por tonto. Mi consejo: un capítulo por semana, haciendo el ejercicio. Así rinde mucho más que leído de corrido.
Lo que el apagón no se lleva
Mateo Quiroga y Marlon Falcón
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