MarlonBooks
← Blog

Diez montañas y una mochila bien hecha

Aurelia Vidal

1 de noviembre de 2026

★★★★★

Los libros de autoayuda suelen fallar por exceso de promesas. «Las montañas que nadie elige», de Mateo Quiroga y Marlon Falcón, falla poco precisamente porque promete poco: no curar, no transformar, sino ayudar a subir con menos piedras en la mochila. Esa modestia, sostenida durante todo el volumen, es su mayor virtud.

La arquitectura es sencilla y eficaz. Un prólogo que plantea el marco, diez capítulos dedicados a diez cuestas vitales —el duelo, la ruptura, la enfermedad, el cuidado, el despido, la soledad, el desarraigo, la familia, la vejez y el vacío— y un cierre que vacía la mochila y recoge lo aprendido. Cada capítulo repite un esquema reconocible: una escena con nombre propio, la identificación de una creencia rígida, unas herramientas concretas, un aviso sobre cuándo buscar ayuda y un regreso final al personaje. La repetición tiene algo de liturgia y da seguridad al lector; también, hacia el séptimo capítulo, cierta previsibilidad que un editor más audaz habría matizado.

El fundamento es la terapia cognitiva de raíz racional y conductual, bien emparentada con su antecedente clásico: Epicteto aparece pronto, Séneca y Marco Aurelio después, y Frankl en el último tramo. Las citas no son adorno; están integradas con naturalidad y sin pedantería. La distinción entre «ojalá no hubiera ocurrido» y «no debería haber ocurrido» es de una claridad didáctica que cualquier profesora agradecería haber encontrado antes.

Lo mejor está en la prosa. Hay imágenes de verdadero oficio: la segunda taza de Elena, la sala de proyección nocturna de Pablo, la pestaña «Esta semana» de Tomás, el jersey viejo frente al recién comprado. Son metáforas domésticas, sin grandilocuencia, que convierten un concepto en algo que se puede tocar. Las frases que cierran cada capítulo rozan a veces el aforismo de calendario, pero casi siempre se salvan por la contención.

Merece elogio, además, la honestidad ética. El libro insiste en que no todo sufrimiento nace de pensar mal, en que la pobreza necesita ingresos y el miedo en casa necesita protección, y desmonta la tiranía del pensamiento positivo con una firmeza poco habitual. Las indicaciones sobre ayuda profesional y emergencias aparecen en cada capítulo; su reiteración puede resultar mecánica en una lectura seguida, pero se entiende como responsabilidad hacia quien abra el libro por una sola página.

No llega a la excelencia porque no se arriesga: la estructura no evoluciona y los casos, aunque verosímiles, acaban resolviéndose con una suavidad algo uniforme. Aun así, es un libro honrado, bien escrito y útil, que trata al lector como un adulto. En un género tan dado al ruido, eso no es poco.

Las montañas que nadie elige

Mateo Quiroga y Marlon Falcón

Ver el libro

Catedrática jubilada, la que nunca regala una estrella