MarlonBooks
← Blog

Una silla vacía, una piedra en el zapato y un libro que no te obliga a nada

Gael Ortuño

2 de noviembre de 2026

★★★★★

Hay libros que sé a quién dar nada más abrirlos. «Deudas sin cobrador», de Mateo Quiroga y Marlon Falcón, es para esa persona que me dice, medio en broma, que los domingos en casa de sus padres la dejan agotada aunque nadie haya discutido. Para quien ya es adulto, tiene su vida hecha y, aun así, siente una punzada cuando su madre comenta lo bien que salió todo.

El libro arranca con Clara, una mujer de cuarenta años en la función de fin de curso de su hija, que de pronto se acuerda de dos sillas vacías en otro salón de actos, hace muchos años. Clara es un ejemplo inventado y los autores lo dicen claro, pero funciona de maravilla: la acompañamos de junio a diciembre, de comida en comida, y eso convierte un ensayo de psicología práctica en algo que se lee casi como una novela corta. Engancha, de verdad.

Lo que más me ha gustado es la honradez. Desde la primera página avisan de que no pretenden convencerte de que perdones, y cumplen. Distinguen con mucha claridad perdonar de olvidar, de excusar o de reconciliarse, y explican lo que se sabe y lo que no sobre el tema sin vender milagros. Además, cuando la historia familiar incluye algo más grave que la distancia, mandan sin rodeos a buscar ayuda profesional. Eso, en un libro de este género, se agradece mucho.

Las imágenes se quedan contigo: el rencor como un guardián que sigue vigilando una puerta que ya no da a ningún sitio, la herida como una piedra que puedes llevar en el bolsillo o bajo el talón. Y cada capítulo trae un ejercicio sencillo, con papel y boli, que Clara hace antes que tú, así que nunca te quedas sin saber cómo empezar.

¿Pegas? Alguna. La estructura se repite bastante: escena de Clara, explicación, ejercicio, aviso de buscar ayuda, frase final redonda. A la mitad se nota el molde, y ciertos avisos llegan a sonar a estribillo. También es un libro pensado para heridas de frialdad y ausencia; quien busque algo para situaciones más duras debe ir primero a un profesional, como el propio libro recomienda.

¿Cuándo leerlo? No de un tirón. Yo lo leería un capítulo por semana, con un cuaderno al lado, y probablemente no justo después de una comida familiar complicada, sino un par de días más tarde, con la cabeza fría. Si te reconoces en Clara, aunque sea un poco, es un buen compañero para este invierno.

Deudas sin cobrador

Mateo Quiroga y Marlon Falcón

Ver el libro

Librero de barrio que recomienda a quien entra por la puerta