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Lucía ya no conduce: un manual que escucha antes de aconsejar

Nerea Solís

2 de noviembre de 2026

★★★★★

Hay libros de autoayuda que hablan de las personas como si fueran casos clínicos y otros que las tratan como personas. «Confianza en la pantalla», de Mateo Quiroga y Marlon Falcón, pertenece claramente al segundo grupo. Cada capítulo empieza con alguien concreto: Lucía ensayando el desastre a las nueve y veinte, Andrés moviendo una taza que nadie va a mirar, Elena rebajando un precio en una negociación que solo existía en su cabeza. Son escenas pequeñas, casi domésticas, y por eso resultan verdaderas.

Lo que más me ha conmovido es la precisión con que el libro capta el gesto mínimo de la ansiedad. La planta que, según desde dónde se mire, parece descuidada. Refrescar la bandeja de entrada como quien se toca el bolsillo buscando las llaves. Quien haya acompañado a alguien en consulta reconoce ahí la textura real del miedo: no grandes crisis, sino comprobaciones diminutas que se repiten hasta agotar.

El andamiaje teórico es sólido y prudente. Ellis, la distinción entre preferir y exigir, la lectura de mente, la intolerancia a la incertidumbre, la activación conductual. Me gusta que nunca prometa milagros: cada herramienta viene acompañada de sus límites, y el texto insiste con delicadeza en consultar a un profesional cuando el malestar persiste. Esa honestidad es coherente con lo que predica, sobre todo en el capítulo de Nuria, que gana a un cliente diciendo «eso no lo hace».

Las citas a Séneca, Epicteto, Marco Aurelio o Frankl aparecen sin solemnidad, como apoyos y no como adornos. La imagen del arquero que suelta la flecha y ya no manda sobre el viento resume muy bien el espíritu del conjunto.

Si algo le pongo en contra es la fórmula. Casi todos los capítulos siguen el mismo recorrido: dos personajes en contraste, explicación, creencias de fondo, versión flexible, pasos prácticos, límites y frase final redonda. Funciona, pero hacia la mitad se anticipa cada movimiento, y algunos personajes, como Óscar o Marcos, quedan más como ejemplos que como personas. Echo de menos que alguno se equivocara de una forma menos prevista.

El acierto final es volver a Lucía. Verla reconocer su película mental «como a un vecino que repite la misma anécdota en el ascensor» cierra el libro con una emoción ganada, no impostada. No ha dejado de sentir nervios; simplemente ya no le dejan el volante.

Cerré el libro con la sensación de haber sido tratada con respeto como lectora. No grita, no exagera, no vende humo. Acompaña, y eso, en este género, es mucho decir.

Confianza en la pantalla

Mateo Quiroga y Marlon Falcón

Ver el libro

Psicóloga y lectora de personajes