Un thriller que se lee con escuadra y cartabón
Confieso que empecé «Memoria de calidades» en el metro pensando que sería otra novela de periodista tenaz contra preso misterioso. A la segunda página ya me había pasado la parada. Una periodista entra por fin en la cárcel a entrevistar a un condenado y él, en lugar de hablar del juicio, le dibuja la sala a escala. Doce metros por siete. El reloj que solo ve quien se va. Ahí me tenían.
Lo que hacen Valeria Montes y Marlon Falcón es construir un thriller como se levanta un edificio: por fases, con cargas que bajan por un solo pilar y con planos que vuelven corregidos sin firma. Tomás Arribas, el chico de barrio que dibuja casas en los márgenes del periódico, es uno de los personajes más inquietantes que he leído en mucho tiempo. No grita, no se justifica, mide. Y su manera de mirar el mundo en metros cuadrados acaba contagiándote. Yo terminé contando peldaños en mi escalera, lo juro.
La estructura alterna la investigación de Inés Calvo, entre tomos del sumario, trasteros y libretas viejas, con la historia de la familia Arribas: el pan de ayer a mitad de precio, un padre albañil que habla poco, una madre que limpia portales. Esa parte familiar me pareció lo mejor del libro, porque le da peso humano a todo lo demás. Hay un momento en una sala de visitas, con un bastón de aluminio y un reloj sobre la puerta, que me hizo cerrar el libro y quedarme mirando a la nada un buen rato.
El estilo es seco, de frases cortas, sin un adjetivo de más. A veces roza lo telegráfico y algún lector puede echar de menos un respiro, pero aquí funciona: cada detalle aparentemente inocente vuelve más tarde con otro significado. Una dirección mal escrita, un paño con yeso, una cabina que ya no existe. Nada sobra. Y aunque el libro gira en torno a crímenes, nunca se recrea en ellos: la tensión está en lo que se calla, no en lo que se enseña.
Si le pongo una pega, es que la trama económica de promotoras y certificaciones de obra exige atención; no es un libro para leer medio dormida. Pero la recompensa merece la pena, porque el final, que no pienso contar, reordena todo lo que creías saber y te deja con una pregunta incómoda sobre quién vigila a quién.
Novela negra elegante, inteligente y muy de nuestro tiempo. Se la he mandado ya a tres amigas. Leedla con lápiz cerca, por si acaso.
Memoria de calidades
Valeria Montes y Marlon Falcón
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Lectora voraz de veintitantos, sin paciencia para lo aburrido
