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Instrucciones para enamorarse sin adjetivos

Ramiro Etxeberria

2 de noviembre de 2026

★★★★★

Una vez intenté montar una estantería siguiendo el manual. Me sobraron cuatro piezas y la estantería sigue en pie, lo cual demuestra que los manuales tienen más fe en nosotros que nosotros en ellos. Por eso abrí «Lea atentamente antes de usar», de Noa Ferrer y Marlon Falcón, con la desconfianza de quien sabe que las comedias románticas también traen piezas de sobra.

Lola Bosch lleva diecinueve años escribiendo instrucciones para lavavajillas. Por un favor de su amiga Rosa acaba sustituyendo a la profesora de un taller de escritura en un centro cívico de Sants. Allí aparece Julián, conductor del autobús nocturno, que quiere ser escritor y no sabe por dónde empezar. Ella tampoco. Lo dice en voz alta en la primera sesión, y ahí empieza el libro de verdad.

Lo que brilla es la idea central, que no es poca cosa: una mujer que escribe sin adjetivos aprendiendo a dejarse alguno. La novela convierte cada lección del taller en un capítulo de la propia historia de amor, y el truco, que podría cansar, funciona porque está hecho con oficio y con humor seco. Hay frases que subrayé sin pudor, como la del reflejo en la ventanilla, que es lo único que espera despierto a los pasajeros de madrugada. Y hay un malentendido con un anillo que se resuelve con una delicadeza que no esperaba.

El reparto secundario es un regalo. Amparo, setenta y ocho años, pañuelo verde y bastón para señalar, roba cada escena en la que entra, y entra en muchas. Iker y su dragón que no sale del huevo son la mejor sátira amable del escritor novato que he leído en años.

Lo que sobra: el libro abusa de sus propias muletillas. Lo de «clara, útil, sin adjetivos» aparece tantas veces que acaba pareciendo el estribillo de un anuncio. Algunos obstáculos románticos se notan fabricados, como esa norma de no cruzar la línea que la propia protagonista reconoce como excusa. Y Rosa y Amparo funcionan a veces más como empujones del guion que como personas. La lentitud de los protagonistas es deliberada, y la novela lo sabe y lo celebra, pero alguna escena de pasillo y café de máquina podría haberse ido en la revisión, a lápiz.

Aun así, es una novela romántica adulta, luminosa, sin cinismo y sin almíbar, que habla de empezar tarde sin hacer de ello una tragedia ni un eslogan. Trata la pérdida, la soledad y el miedo al ridículo con respeto, y se lee con una sonrisa que dura más que el libro.

Yo leo las instrucciones solo cuando algo ya no funciona. Este manual lo he leído entero y por gusto, que es lo más raro que me ha pasado con un manual.

Lea atentamente antes de usar

Noa Ferrer y Marlon Falcón

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Columnista gruñón con debilidad por las buenas frases