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Un manual de instrucciones para empezar tarde (y bien)

Gael Ortuño

2 de noviembre de 2026

★★★★★

Si entra por la puerta alguien que dice que ya no lee novelas de amor porque todas van de veinteañeros que se gritan en aeropuertos, este es el libro que le pongo en la mano. Lola Bosch tiene cincuenta y un años, escribe manuales de lavavajillas y acaba sustituyendo a la profesora de un taller de escritura en un centro cívico de Sants. Allí está Julián, conductor del autobús nocturno, con una libreta que todavía lleva pegado el precio. No hay más secreto, y no le hace falta.

Lo que engancha es el tono. Noa Ferrer y Marlon Falcón juegan todo el rato con la voz de los manuales: frases claras, útiles, sin adjetivos, que se cuelan en la vida de Lola hasta que se convierten en la manera de contar lo que siente. Cada jueves es una lección del taller (observar, el personaje, el conflicto, el subtexto) y cada lección acaba hablando, sin que ella quiera, de su propia vida. Es un recurso que podría cansar y que aquí funciona de maravilla, porque viene con mucho humor.

Y con un reparto de secundarios que se gana a cualquiera. Amparo, setenta y ocho años, pañuelo de seda verde y un bastón que usa más para señalar que para apoyarse, se lleva todas las escenas en las que aparece. Rosa, la amiga que cronometra silencios en una grabación, también. El chaval de la saga de dragones que no consigue sacar al dragón del huevo me hizo reír en voz alta en la tienda, y eso no pasa tanto.

El romance es lento, muy lento, y los propios personajes se lo reconocen. A mí me encantó, pero aviso: si buscáis chispa inmediata, aquí hay malentendidos de anillo, celos de un personaje de ficción y una norma sobre no cruzar líneas mientras ella sea su profesora. Es un amor de miradas por el retrovisor y termos de café. Hacia el tramo final, cuando se suman el premio literario, la lectura pública y el epílogo, el ritmo se estira un poco más de la cuenta y alguna escena repite efectos que ya conocíamos. Nada grave, pero se nota.

También tiene una veta emotiva preciosa: la madre de Lola, la hija de Julián que se quedaba despierta hasta oír la llave, la novela abandonada en un cajón durante veinte años. Se trata todo con delicadeza, sin cargar las tintas.

¿Para quién? Para quien escribe a escondidas, para quien cree que llega tarde a algo y para cualquiera que disfrute de una historia amable con buen oído para el diálogo. Ideal para una tarde de lluvia, y mejor todavía para regalar a esa amiga que tiene una carpeta azul guardada en algún cajón.

Lea atentamente antes de usar

Noa Ferrer y Marlon Falcón

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