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El romance que cabe en un manual de instrucciones

Aurelia Vidal

2 de noviembre de 2026

★★★★★

Confieso que abrí «Lea atentamente antes de usar» con el lápiz afilado y la ceja levantada: una redactora de manuales que sustituye a la profesora de un taller de escritura y un conductor del autobús nocturno que quiere ser escritor. Sobre el papel, la premisa promete ternura previsible. Lo que encontré es una novela de arquitectura cuidadísima, donde cada sesión del taller funciona a la vez como lección de escritura y como capítulo de la historia de amor.

Ese es el gran acierto estructural de Noa Ferrer y Marlon Falcón. Cada jueves la protagonista escribe en la pizarra un principio narrativo, observar, conflicto, punto de vista, subtexto, reescribir, y la trama se encarga de demostrarlo en carne propia. El artificio podría resultar escolar; no lo es, porque los autores lo manejan con ironía y porque Lola, la protagonista, es la primera en darse cuenta de que sus frases hablan de ella. Hay aquí una tradición reconocible, la del Bildungsroman tardío y la del metarrelato amable, que se lleva con naturalidad y sin pedantería.

La lengua merece capítulo aparte. El estribillo de la frase «clara, útil, sin adjetivos» vertebra el libro y se convierte en ética estilística: la prosa es sobria, precisa, con un humor seco que recuerda a la mejor comedia costumbrista. Las imágenes que funcionan, el reflejo en la ventanilla, el conductor que frena suave en las curvas, el cajón que no termina de cerrarse, regresan transformadas, y ese sistema de ecos es lo que distingue a una novela escrita de una novela pensada. El coro secundario está muy bien dibujado; Amparo, la alumna de setenta y ocho años, roza la caricatura, y el propio texto lo sabe y lo convierte en argumento a su favor.

No todo está a la misma altura. El romance se alimenta de malentendidos clásicos del género, un anillo mal interpretado, una supuesta rival, una retirada repentina, que resultan algo mecánicos al lado de la finura del resto. La amiga confidente y la anciana celestina cumplen funciones demasiado visibles, y en el último tramo algunas réplicas brillantes se repiten una vez de más, como si los autores no se fiaran del lector.

Aun así, la novela respeta su propia lección: lo importante va por debajo. Es una historia sobre empezar tarde, sobre el duelo llevado con discreción, sobre el derecho de un conductor de autobús a llamarse escritor, contada sin un gramo de condescendencia ni una sola página que pueda incomodar a nadie. Que una comedia romántica me haga pensar en la economía verbal y en cómo se termina una frase dejada a medias durante veinte años no es poca cosa. Cuatro estrellas, y de las que no regalo.

Lea atentamente antes de usar

Noa Ferrer y Marlon Falcón

Ver el libro

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