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Dos etiquetas y un oficio bien cosido

Aurelia Vidal

2 de noviembre de 2026

★★★★★

Leo pocos libros de autoayuda con el lápiz en la mano, y menos aún los termino con las márgenes llenas de anotaciones favorables. «La etiqueta que nadie ve», de Mateo Quiroga y Marlon Falcón, me ha obligado a revisar ese prejuicio. Es un ensayo de psicología cognitivo-conductual sobre las compras que hacemos para ser vistos, y lo primero que merece elogio es su construcción: una mujer, Lucía, queda suspendida con el dedo sobre el botón de pagar en la primera página, y el libro entero se despliega en ese segundo detenido, como un paréntesis narrativo que solo se cierra cuando el lector ha recibido las herramientas para comprenderlo.

El recurso no es nuevo; la tradición lo conoce desde las novelas de marco, pero aquí está administrado con pulso. Entre la primera escena y su resolución desfilan Irene en el probador, Raúl aparcando a dos calles de la comida familiar, Andrés y su reloj de ascensor, Pilar y su abrigo camel. Cada viñeta ilustra un concepto preciso, de los pensamientos automáticos de Beck a las exigencias absolutas de Ellis o la dicotomía del control de Epicteto, y los autores tienen el buen gusto de citar a sus fuentes sin convertir el texto en un aparato erudito.

La lengua es clara, sin jerga, y a menudo feliz. Hay imágenes que se quedan: la chaqueta que para uno es prenda y para otro armadura, el público imaginario que no ha comprado entrada, la incomodidad que tiene forma de ola y no de muro. Me parece especialmente valiosa la insistencia en no culpar al lector y en distinguir la influencia del entorno de la responsabilidad propia, así como las repetidas y sensatas derivaciones a la ayuda profesional cuando el problema excede lo que un libro puede abarcar. Nada de sermones ascéticos; el libro defiende, con razón, que las cosas bonitas no son el enemigo.

No todo es perfecto. La estructura de cada capítulo, anécdota, concepto, matiz, ejercicio y aforismo de cierre, resulta eficaz al principio y previsible hacia la mitad. Algunas frases finales tienden al subrayado sentencioso, y la recapitulación en diez pasos del último capítulo, útil como guía, se lee como un índice disfrazado de prosa. Los personajes secundarios, además, se resuelven a veces con una docilidad que la vida rara vez concede; se agradece, eso sí, que el desenlace de Lucía rehúya la escena triunfal.

Pese a ello, es un libro honrado, bien escrito y pensado de verdad para acompañar. Recomendable para cualquier adulto que alguna vez haya comprado un disfraz creyendo comprar un vestido. Cuatro estrellas, y bien ganadas.

La etiqueta que nadie ve

Mateo Quiroga y Marlon Falcón

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