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Lo que se da da la vuelta a la esquina

Nerea Solís

2 de noviembre de 2026

★★★★★

Hay personajes que se presentan por lo que dicen y otros que lo hacen por lo que miran. Kevin pertenece a los segundos. Conoce Alfama no por sus calles, sino por los pedidos que reparte, y esa forma de habitar el barrio, a través de las necesidades de los demás, dice de él más que cualquier descripción. «Efecto mariposa», de Inés Caldeira y Marlon Falcón, es la historia de un chico que se para. Ante un anciano agotado en una escalinata, ante una violinista con una cuerda rota, ante un perro perdido. Y es también la historia de una carta de 1962 que nunca llegó a enviarse.

Lo que más me ha conmovido es la relación entre Kevin y su abuela Celeste. Ella lo riñe con alfileres en la boca y se deja besar fingiendo que no. Hay en esas escenas una verdad pequeña y exacta, la de los afectos que se dicen de lado. Cuando Celeste se vuelve hacia la ventana al oír una frase de su difunto marido, la novela no subraya nada, y por eso duele y consuela a la vez.

También me parece muy honesto el momento en que Kevin se derrumba. Ha regalado su tiempo y sus ahorros, el taller de su abuela se pierde y, por primera vez, duda de que dar sirva para algo. Su brusquedad con Matilde no lo vuelve antipático; lo vuelve creíble. Un chico que solo fuera bueno sería un símbolo. Este se cansa, se equivoca y pide perdón.

La trama de Amélia y Joaquim tiene la delicadeza de las cartas escritas con plumilla. El archivo, con Dona Lurdes y sus guantes de algodón, es uno de los capítulos más bonitos: enseña que buscar a alguien es también una forma de respeto.

Mi reserva está en la arquitectura. Las coincidencias se encadenan con una precisión de relojero y llega un punto en que reconocí la maquinaria antes de sentir la emoción. Algunos secundarios, como Teresa o Rafael, funcionan más como piezas que como personas con vida propia, y me habría gustado verlos dudar un poco. La resolución colectiva es hermosa, pero llega tan redonda que roza la fábula.

Aun así, quizá esa sea precisamente su intención. Es un libro que cree, sin cinismo, en que los gestos viajan y regresan. Lo recomiendo a lectores jóvenes y a cualquier adulto que necesite recordar que fijarse en otro nunca es tiempo perdido. Al cerrarlo me quedó una sensación serena, como de ropa tendida al sol, y unas ganas enormes de recoger el próximo guante que se le caiga a un desconocido.

Efecto mariposa

Inés Caldeira y Marlon Falcón

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Psicóloga y lectora de personajes