Un barrio entero cabe en una cesta de pan
Hay libros que uno recomienda con la voz baja, como quien comparte un secreto, y «Efecto mariposa» es de esos. Kevin reparte pan por Alfama en una bicicleta con los frenos gastados, vive con su abuela costurera, a la que van a echar del taller, y una mañana recoge en el tranvía 28 una carta de 1962 que se le cae a una señora con un pañuelo verde. A partir de ahí, el chaval no deja de pararse por todo el mundo: un anciano mareado en una escalinata, una violinista con una cuerda rota, una frutera con los tomates rodando cuesta abajo, un perro perdido.
Lo que más me ha gustado es que Lisboa no es decorado, es personaje. Se huele el pan de las seis, el jazmín recalentado, la tinta seca de una imprenta cerrada. Caldeira y Falcón escriben con frases limpias y con imágenes que se quedan, como esos violines sin cuerdas colgados «como pájaros a medio vestir». El ritmo es tranquilo, de capítulos que funcionan casi como estampas, y eso lo hace perfecto para leer a ratos, un capítulo antes de dormir o en el autobús.
La trama de la carta es el hilo que tira de todo y engancha de verdad: hay una visita a un archivo municipal, con guantes de algodón y libros de pasaportes, que me pareció de lo mejor del libro, porque enseña sin sermonear que buscar también es un oficio. Y los personajes secundarios están dibujados con cariño, sobre todo la abuela Celeste, que habla con alfileres en la boca y no admite caridad.
Ahora, el pero honesto: la moraleja del abuelo, «nada de lo que se da se pierde», se cumple con una precisión casi de relojería. Cada favor regresa, cada desconocido resulta estar conectado con otro, y en el tramo final las coincidencias se amontonan tanto que el lector adulto puede sonreír con algo de escepticismo. También el bajón de Kevin, el único momento de duda real, se resuelve deprisa. A mí no me estropeó la lectura, porque el libro no pretende ser realista sino reconfortante, pero conviene saberlo.
¿Para quién es? Para lectores de doce o trece años en adelante que disfruten de historias amables, sin villanos, con amistad y un amor antiguo tratado con mucha delicadeza. También para abuelas y abuelos que quieran leer algo a medias con sus nietos, y para cualquier adulto que venga de un año cansado y necesite un libro que le devuelva la fe en el vecino de enfrente. Yo lo leería en junio, con la ventana abierta, y si puede ser, con un pastel de nata al lado.
Efecto mariposa
Inés Caldeira y Marlon Falcón
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