Una panadería, doce jueves y una servilleta que lo cambia todo
Hay libros que uno recomienda casi sin pensar, como quien te dice dónde comprar el mejor pan del barrio. «Balance de situación» es de esos, y no solo porque huela a harina desde la primera página. Marta hereda la panadería familiar en Gràcia junto con un préstamo, seis meses de plazo y un consejo de su padre que no ayuda nada: «Haz lo de siempre». Esa misma noche aparece Inés, su amiga del instituto, recién llegada de Londres con una botella de cava y un MBA, y le propone doce jueves de lecciones de empresa con la panadería como caso práctico.
La idea es sencilla y funciona de maravilla. Cada capítulo es una lección (el DAFO, conocer al cliente, la cuenta de resultados, la guerra de precios, delegar) y la gracia está en que nunca suena a manual. Cuando la hoja de cálculo dice que las ensaimadas pierden dinero, la novela no habla de márgenes, sino de un padre viudo que las hace porque a las seis de la mañana el obrador huele a su mujer. Esa escena, la de los dos amasando en silencio, vale el libro entero.
El romance llega desde la tienda de enfrente: Álex, encargado de una cadena con cuarenta locales, que compra una barra cada tarde «para estudiar a la competencia». Es un amor a fuego lento, de miradas y conversaciones en el mostrador, muy contenido y sin escenas subidas de tono. Quien busque pasión desbordada no la encontrará aquí; quien disfrute de la ternura de dos adultos que se acercan con cuidado, sí.
Lo que más me ha gustado, en realidad, es la amistad entre Marta e Inés, que tiene sus propias grietas y sus reconciliaciones. Y el coro del barrio: la señora Pilar y su rodilla, Ferran escondiendo cruasanes en el abrigo, la sobrina adolescente que convierte un rótulo torcido en fenómeno viral. Son personajes que dan ganas de saludar por la calle.
Pegas, alguna. La estructura de una lección por capítulo acaba siendo previsible y ciertos giros se ven venir desde lejos. Hay momentos en que todo encaja demasiado bien, como una masa que nunca se pasa de fermentación. Pero el tono es tan honesto y el ritmo tan ágil que se perdona.
¿Para quién es? Para quien haya pensado alguna vez en montar su propio negocio, para quien atraviese un cambio de vida a los cuarenta y tantos, para quien quiera una novela que reconforte sin ser empalagosa. Ideal para un domingo con café y algo recién horneado, y un regalo estupendo para esa amiga que siempre lo hace todo sola.
Balance de situación
Noa Ferrer y Marlon Falcón
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