MarlonBooks
← Blog

Mil ochocientos noventa domingos y una bufanda gris

Gael Ortuño

2 de noviembre de 2026

★★★★★

Os lo cuento como se lo contaría a quien se acerca al mostrador. Olga es actuaria, tiene cuarenta y nueve años y, en la cena de su cumpleaños, calcula en una servilleta cuántos domingos le quedan. Su amiga Inés le regala un taller de escritura que se llama, literalmente, «Escribe tu necrológica». Ella jura que no va a ir. Va, claro. Y allí se encuentra con Bruno, un marmolista de Poblenou que escribe su propia despedida en tres líneas, todas sobre piedras.

Lo que más me ha gustado es el tono. Es una novela romántica, sí, pero el amor llega despacio, casi de puntillas, mientras Olga va descubriendo que su vida cabe en un currículum y en muy poco más. Los diálogos son una delicia: rápidos, con chispa, de esos que te hacen sonreír en el autobús. La pelea en el aula entre «el currículum» y «el catálogo de piedras» es de lo mejor del libro. Y Carmen Rius, la profesora de ochenta y un años que nada fatal y se marcha a las nueve en punto, se lleva cada escena en la que aparece.

Tiene además un acierto que no esperaba: la historia de amor comparte protagonismo con la reconciliación entre Olga y su hermana Nuria, y con un cuaderno de recetas lleno de notas en los márgenes que me tocó más de lo que pensaba. Hay pérdidas y algún nudo en la garganta, pero siempre tratados con delicadeza, sin cargar las tintas.

¿Peros? Alguno. A partir de la mitad se intuye bastante bien hacia dónde va todo, y el tramo final reparte tantos abrazos y tantas buenas noticias que a ratos parece que las cosas encajan demasiado limpias. El tropiezo de la pareja, con una hoja de cálculo de por medio, es muy de Olga y tiene gracia, pero se resuelve con cierta comodidad. Tampoco es un libro de grandes sorpresas: es de los que disfrutas por el camino, no por el destino.

El ritmo es amable, de capítulos que piden «uno más», y se lee en dos o tres tardes. Barcelona está muy bien dibujada sin necesidad de postales: un centro cívico de Gràcia, un bar con la tortilla bajo campana, un taller lleno de polvo blanco.

¿Para quién es? Para quien haya cumplido cierta edad y se haya preguntado si está viviendo o solo gestionando. Para quien disfrute con las comedias románticas adultas, de las que tienen más ternura que fuegos artificiales. Y para regalar a esa amiga que lo tiene todo previsto, con una dedicatoria cariñosa. Leedlo un domingo sin planes. Os parecerá que os sobran domingos.

Aquí yace una mujer ocupada

Noa Ferrer y Marlon Falcón

Ver el libro

Librero de barrio que recomienda a quien entra por la puerta