Una caja de lata, cinco euros y un barrio entero dentro
Confieso que abrí este libro con la misma ilusión con la que se abre una factura. Relatos bilingües, glosarios, presente de indicativo. He visto demasiados manuales donde una tal María compra manzanas sin que a nadie le importe. Aquí también se compran manzanas. Pero, ay, alguien compra tres naranjas cada sábado, y yo quise saber para quién.
Ese es el truco, y es un buen truco. La premisa es sencilla: una caja de lata comprada por cinco euros en la Feira da Ladra, con cincuenta papeles dentro. Cada historia es una nota breve, primero en español y luego en inglés. Una panadera, un conductor de tranvía, una niña que vende claveles en el escalón treinta. Al principio parecen viñetas sueltas. Luego el gato aparece en la ventana verde, la llave del relojero vuelve, y uno descubre que está leyendo una novela de barrio con forma de cuaderno escolar.
Lo que brilla es la economía. Frases de colegial, sí, pero colocadas con oficio: «Mi balanza no miente. Por eso la gente confía en mí». O ese reloj de cocina que va cinco minutos tarde y que su dueña no quiere arreglar porque le regala cinco minutos más por la mañana. Con vocabulario de nivel inicial, los autores consiguen ternura sin empalago, que es más difícil que escribir largo. La progresión gramatical, del presente al pasado, del pasado a los recuerdos y de ahí al futuro, acompaña la trama en vez de interrumpirla. Eso tiene mérito.
Lo que sobra, o lo que chirría, también existe. Los cierres de cada capítulo tienden a la frase de taza de desayuno; uno por bloque se agradece, cuatro seguidos empalagan. Algunos capítulos centrales, los de los oficios, se notan más pensados para el glosario que para el lector. Y hay pequeños descuidos de coherencia que un lector atento cazará: algún «ahora» y algún «hoy» que bailan en la cronología, y edades que conviene no sumar con calculadora. Para un libro que presume de que todo encaja, cada pieza suelta se nota.
Para quien aprende, el formato funciona: textos breves, glosarios claros, ingles natural y sin rigideces de traductor automático. Para quien no aprende nada, también funciona, lo cual es casi un milagro editorial. Leí el capítulo de las cartas con la sospecha de que me iban a emocionar a traición. Me emocionaron a traición.
No es literatura mayor ni pretende serlo. Es algo más raro: un libro de texto con corazón y un barrio donde nadie es villano, solo vecino. He leído casi todo y casi todo me sobra. Esta caja de lata, no. Me la quedo, aunque cueste más de cinco euros.
50 historias cortas en español e inglés
Inés Caldeira y Marlon Falcón
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Columnista gruñón con debilidad por las buenas frases
