
Clara Benítez
Ilustración de La rosa de los vientos
Clara Benítez Pinté el candil con un ocre tan tibio que casi me quemaba los dedos, y dejé que la sal de la carta se cristalizara en pequeños blancos de papel sin tocar. La rosa cerrada me tuvo una tarde entera conteniendo el aliento, como si al abrirla fuera a escaparse un secreto.
hace 2 horas